Agricultura

La agricultura extensiva es una de las principales actividades productivas de los miembros CREA.

En CREA se realizan diferentes acciones de investigación y desarrollo enfocadas en mejorar la productividad y el resultado de los cultivos agrícolas en Bolivia.

Respuestas a zinc en maíz de primera

Evaluación realizada por los CREA del norte de Santa Fe.

Durante la campaña 2019/20 la región CREA Norte de Santa Fe condujo un ensayo tendiente a cuantificar la respuesta a zinc en el cultivo de maíz de primera sin restricciones nutricionales.

La experiencia se condujo bajo la premisa de que el maíz es uno de los cultivos extensivos más susceptibles a deficiencias de ese micronutriente, la cual suele expresarse como clorosis internerval en las hojas más jóvenes.

Se considera como nivel de zinc bajo en suelo cuando los análisis arrojan cantidades menores a 0,90 partes por millón (ppm ) de suelo. El ensayo, realizado en la zona de Margarita, se realizó en un lote con un nivel de zinc de 0,57 ppm.

Todos los tratamientos que incluían zinc dentro de sus formulaciones rindieron más que el testigo sin aporte de ese micronutriente, por lo que se puede inferir una cierta respuesta al agregado del mismo.

El equipo técnico de la región CREA Norte de Santa Fe seguirá realizando evaluaciones de respuestas a zinc en maíz dado que análisis de suelos realizados en diferentes lotes de la zona evidencian deficiencia de este nutriente con resultados menores al umbral de deficiencia de 0,9 ppm.

Antes que un contrato debe haber un trato

La importancia de incorporar esquemas sostenibles.

Francisco Crosetti y Juan Bautista Pedrana fueron amigos desde siempre. Ellos ya no están presentes en este mundo. Pero su amistad sigue vigente a través de sus hijos en el marco de un acuerdo que –adaptado a los nuevos tiempos– aún perdura.

A fines de los años ’90 Francisco arrendó a Juan Bautista y Julián Gennero (integrantes de GP Agro S.A.) un campo de 300 hectáreas localizado en la zona de influencia de Sacanta (Córdoba), que, por entonces, era predominantemente ganadera y tambera.

Corría el año 1997. La región acababa de salir de una sequía. Y Juan Bautista y Julián se proponían comenzar a sembrar soja en el campo cordobés, algo que, además de tratarse de una novedad para la zona, era juzgado por los locales como una apuesta riesgosa. El contrato de aparcería se estableció con un porcentaje del 30% de todo lo producido con entrega del grano en una cooperativa ubicada cerca de la localidad santafesina de El Trébol (donde se encuentra la sede administrativa de GP Agro).

En 2007 falleció Francisco y su esposa en un accidente vial. Dos meses después –también en un accidente– pereció Juan Bautista y su esposa. Patricio, quien, luego de recibirse de agrónomo, venía trabajando junto a su padre y su tío, debió hacerse cargo de la dirección de la empresa familiar. “Los cuatro eran muy amigos; fue un golpe muy grande para ambas familias”, recuerda Patricio.

Los integrantes de la segunda generación decidieron mantener el arrendamiento del campo cordobés, pero cambiaron el esquema al advertir que el acuerdo del 30% conspiraba contra la sostenibilidad al hacer inviable la siembra del maíz.

“Lo que había sido muy bueno inicialmente para ambas partes dejó de serlo porque sólo habilitaba el monocultivo de soja, por lo que acordamos reformular el acuerdo con porcentajes variables por escalas de rendimientos para cada uno de los cultivos”, explica Patricio, quien forma parte de los grupos CREA Las Petacas (región Sur de Santa Fe) y Sachayoj (región Chaco Santiagueño).

Ese nuevo esquema se extendió por otra década más. Pero nuevamente fue reformulado a partir de 2018 porque, debido al crecimiento de la empresa –que actualmente cuenta con treinta y dos contratos de arrendamiento más los campos propios–, requería un volumen muy significativo de recursos para hacer el seguimiento del mismo.

“Con el crecimiento de nuestra empresa, entendimos que se necesitaba un esquema más simple que asegurara un beneficio para ambas partes”, remarca Patricio. El nuevo acuerdo –vigente hasta la fecha– contempla un alquiler de 12 qq/ha de soja de primera con un adicional del 30% sobre el resultante de la diferencia de un rendimiento superior a 42 qq/ha. El pago se realiza a cosecha con grano entregado en la cooperativa local.

En maíz temprano se abona –en grano de maíz– el equivalente a 9,0 qq/ha de soja al precio disponible al momento de la cosecha del cereal (marzo/abril), mientras que en trigo, con la misma metodología, se abona el equivalente a 3,0 qq/ha de soja en diciembre. Si se realiza soja o maíz de segunda, se abonan 9,0 qq/ha adicionales para sumar un total de 12 qq/ha en el ciclo (siempre en grano cosechado equivalente al precio de soja). En los cultivos de segunda no se aplica un porcentaje adicional.

“Doce años atrás fuimos uno de los pioneros que comenzamos a hacer maíces de segunda, lo que, además de lograr estabilizar los rendimientos de maíz en la zona, mejoramos de manera notable la cobertura presente en el campo, lo que promovió, entre otras prácticas, un incremento progresivo de los rindes agrícolas”, comenta Patricio.

“Pero cuando comenzamos con el maíz segunda, el trigo era una suerte de cultivo de cobertura, mientras que en los últimos años ha progresado mucho gracias a la mejora genética incorporada, lo que hace que sea un competidor importante para el maíz en lo que respecta al uso de las reservas disponibles de agua y nutrientes”, añade.

El empresario CREA explica que, si bien cada uno de los treinta y dos contratos es diferente en función de las particularidades de cada propietario, en todos los casos la filosofía de la empresa es producir cuidando el recurso suelo.

“Antes que un contrato, debe existir un trato entre ambas partes, en el cual se contemple que el suelo, que es lo que nos da el sustento, debe cuidarse para dejarlo como patrimonio para la próxima generación”, enfatiza.

“Los empresarios hacemos el mayor de los esfuerzos para hacer un uso eficiente de los recursos, nos capacitamos, innovamos, formamos parte de la red CREA, pero no podemos producir de manera responsable sin el apoyo de los propietarios de la tierra; quienes están más inmersos en el ámbito agropecuario, comprenden eso sin dificultad”, asegura Patricio.

“Si encontramos que no podemos llevar a cabo una producción sostenible en términos económicos para ambas partes y sustentable en términos agronómicos, entonces preferimos no trabajar ese campo; eso lo tenemos muy claro”, concluye.

El artículo completo puede leerse en la edición de junio de la Revista CREA

Evaluación de la calidad nutricional de híbridos de maíz

Resultados de los ensayos comparativos realizados por los CREA de la zona Santa Fe Centro.

Evaluaciones realizadas en 2019/20 por la región CREA Santa Fe Centro en ensayos comparativos de rendimiento de híbridos de maíz en siembras tempranas determinaron la importancia de analizar el grano cosechado para cuantificar su aporte energético en el diseño de raciones.

Los ensayos se implantaron en lotes de las localidades santafesinas de López, Crispi, Humboldt y San Genaro entre el 11 y 24 de septiembre con una fertilización nitrogenada que osciló entre 145 kg.N/ha (San Genaro) y 93 kg.N/ha (López). Solamente dos sitios recibieron aplicaciones de fósforo: San Genaro y Humboldt con 25 y 30 kg.P/ha respectivamente.

La localidad donde se registró el mayor rendimiento promedio fue San Genaro con 13.812 kg/ha, seguida por Humboldt con 12.743 kg/ha y Crispi con 10.271 kg/ha, mientras que en último lugar se ubicó López con 9290 kg/ha. El promedio de la red de ensayos fue de 11.529 kg/ha (uno de los valores más altos de todas las campañas evaluadas).

Los híbridos más destacados en el promedio de los cuatro sitios fueron Next 22.6 PW, Acrux PW, LT 721 VT3 Pro, TOB 767 Vip3. AX 7761 VT3 Pro y MS 7123 PW.

Los niveles de proteína de las muestras obtenidas a cosecha en los sitios de López, Crispi y Humboldt promediaron un 8,8% con valores mínimos de 7,8% y máximos de 9,8%. Se trata de cifras menores a los obtenidas en evaluaciones realizadas en campañas anteriores.

En cuanto a los valores de almidón, el mínimo se ubicó en 71,6% y el máximo en 73.4% con un promedio de 72.7%. Se trata de información significativa para una región productiva que siembra maíz doble propósito: grano comercial y uso forrajero con destino a tambo y/o ganadería de carne.

La cebada no tiene porqué ser menos

Luego de cuatro años concluyó con éxito el Convenio CREA-Cargill. Nuevos desafíos por delante junto a Boortmalt.

Este año CREA concluyó el primer gran estudio sobre el impacto de modelos tecnológicos en el cultivo de cebada para ahora encarar el desafío de diseñar una herramienta que contribuya a agilizar la toma de decisiones.

El Convenio Cebada CREA-Cargill 2016/2019 comprendió la realización de cincuenta ensayos durante cuatro ciclos en las regiones CREA Centro, Santa Fe Centro, Sur de Santa Fe, Litoral Sur y Norte de Buenos Aires.

Las evaluaciones avanzaron sobre cuatro líneas de trabajo: modelos tecnológicos, donde se compararon planteos tradicionales de trigo y cebada (cultivar Scarlett) con esquemas de mayor tecnología que emplearon cultivares de cebada Jeniffer y Andreia; estructura del cultivo con diferentes combinaciones de fecha de siembra y densidades; nutrición del cultivo con evaluación del impacto de la fertilización con nitrogeno y fósforo; y protección, donde se exploraron distintas alternativas del manejo de la sanidad.

“En ambientes con bajas restricciones ambientales el cultivo de cebada de alta tecnología se mostró más competitivo que el trigo en términos productivos, pero la situación fue inversa en ciclos caracterizados por déficits hídricos y elevadas temperaturas”, explica José Micheloud, técnico CREA que estuvo a cargo de la coordinación del convenio.

El modelo tecnológico no logró modificar de manera significativa el tenor proteico de ambos cultivos en diferentes situaciones evaluadas. Las variaciones, en ese sentido, dependen fundamentalmente de las características presentes en cada campaña, donde mayores rendimientos promovieron menores niveles de proteína y viceversa.

Las fechas de siembras del mes de julio resultaron una mejor alternativa, al menos en las condiciones exploradas, al compararlas con las fechas más tempranas de mayo y junio, dado que permitieron, en diferentes niveles de densidad, obtener los mayores rendimientos en el promedio de las cuatro campañas evaluadas.

El año pasado se realizaron, a partir de datos validados en ensayos, simulaciones con diferentes variables productivas en función de la base de datos meteorológicos de los últimos 33 años. Se empleó el sistema Ceres Barley (DSSAT 4.7).

Se generaron diferentes escenarios en ambientes característicos de las localidades de Tres Arroyos (Sur de Buenos Aires), Oliveros (Santa Fe) y Gral. Pinto ( Noroeste bonaerense), en los cuales, por ejemplo, pudo evidenciarse el impacto de la fertilización nitrogenada.

“Los resultados de este trabajo muestran el potencial de los modelos de simulación para identificar tendencias y patrones generales de respuesta del cultivo de cebada”, explica José.

Ese antecedente sirvió como base para la generación de un nuevo convenio, actualmente en etapa de desarrollo, para seguir trabajando en el desarrollo de la tecnología del cultivo de cebada. Se elaboró un programa de trabajo con Boortmalt (compañía de origen europeo que el año pasado adquirió los activos de Cargill Malta a nivel global) en el marco del cual se elaborará un sistema de pronósticos de rendimiento de cebada en la mayor parte del área productiva argentina para incorporarlo a la plataforma ProRindes. Se generará también información de utilidad para predecir el nivel de riesgo de aparición de enfermedades en las distintas zonas de producción del cultivo.
“Estamos muy entusiasmados con la posibilidad de generar en cebada modelos predictivos validados que contribuyan a mejorar la productividad del cultivo, tal como ya existe en el caso del trigo, la soja y el maíz”, concluye el técnico CREA.